Virginia Woolf lo escribió hace casi un siglo: «Para escribir, para crear, para existir con libertad, una mujer necesita dinero y un cuarto propio con una cerradura en la puerta».
Desde que leí esas líneas, me obsesioné con construir el mío. En ese entonces yo viajaba por el mundo mientras escribía mi primer libro. Llevaba mucho tiempo huyendo de mí, buscando la forma de liberarme de un dolor enorme que mi cuerpo no sabía gestionar. Pero ese dolor no se iba: me acompañaba en cada una de mis huidas. Hasta que Virginia me sentó aquí, en este cuarto propio en el que empecé a entender mi sombra espesa y oscura, y a habitarla con absoluta dignidad.
La escritura me ha salvado la vida, y en este espacio íntimo me fui moldeando a una nueva forma de habitarme. De este refugio nació la certeza de que no basta con replegarse en un cuarto a habitarse en aislamiento: para reconocer la potencia que nos habita, una mujer también necesita aprender a celebrarse, a mirarse con fascinación y a habitar la existencia desde el disfrute.
De ahí, un día cualquiera de mayo, nació la evolución: pasar de un cuarto propio a La Fiesta Propia. Porque una mujer necesita expandirse y celebrarse en su fiesta propia, una vez que ha reconocido su verdadero valor.
Y esta fiesta propia se celebra hoy, ya. Aunque aún no tenga la música ni los globos; aunque aún me sienta en reconstrucción. Porque mi valor no está definido por un resultado, sino por el proceso en el que decido sostenerme.
Por eso creé este espacio: para mostrarte mi camino y enseñarte a sostenerte en tu proceso mientras te celebras y disfrutas de lo que hoy ya eres.
Soy Julieth, te doy la bienvenida.

