EL AÑO EN QUE APRENDÍ A SER RAÍZ
He cumplido un año desde que abrí este espacio.
Lo llamé mi passion project, sin imaginar que terminaría siendo algo muy distinto a lo que planeé.
Nació con un propósito claro, casi técnico, pero con el tiempo se fue volviendo un territorio íntimo: un refugio de palabras, un lugar donde mi voz se prueba, se abre y se reencuentra consigo misma.
La escritura, en este espacio para ser leída, me ha permitido mostrarme de una manera íntima y vulnerable;
una forma de estar en el mundo con la que me siento profundamente conectada y cómoda.
Desde esa comodidad también aprendí algo: hay textos que no están listos para ser compartidos.
Y es que hubieron meses en los que mis textos no me vulneraban solo a mí, sino a espacios de mi vida que aún no me siento preparada para exponer.
Así que, durante esos meses —los más oscuros de este año— elegí guardar silencio.
No publiqué para poder serle fiel, más que a mi compromiso de publicar cada mes, a mi compromiso de cuidar mi tranquilidad.
En ese tiempo también me he estado formando para ser una mejor escritora.
Y he aprendido algo profundamente valioso: el lenguaje necesita tiempo para madurar.
Porque cuando se escribe desde la herida, la sangre salpica por todas partes.
Desde ahí empecé a comprender que esos textos no publicados —que considero manchados— no estaban listos para ver la luz.
Porque necesitan ese proceso de maduración; necesitan encontrar el lenguaje que realmente represente la emoción y, sobre todo, el lenguaje con el que yo me sienta cómoda narrando.
Por eso, hoy comprendo mis ausencias y me agradezco con hondura haber seguido el instinto que me pidió esperar.
Este espacio para ser leída, también me ha enseñado que el destino, a veces, no es la meta, sino el tránsito.
Y este tránsito me ha dado la oportunidad de buscar ese lenguaje con el que me entiendo, me reconozco y me sano.
Y aquí, me gustaría entrar a agradecer con profundidad a quienes a demás de tomarse el tiempo de leerme, se han tomado también el tiempo de escribirme con una clara intención de darme luz. Porque muchos de los días en que sentí que este espacio para ser leída no valía la pena, sus mensajes se convirtieron en semillas que me recordaron lo mucho que —sí— ha valido la pena.
Y, sobre todo, le agradezco con hondura a mi fortaleza: a esta capacidad con la que Dios me bendijo para transformar mi dolor en propósito.
He conocido el abismo —la desesperación, la idea de desaparecer— y, aun así, he elegido seguir.
Seguir desde la conciencia, desde el deseo de transmutar mi dolor mientras lo miro de frente.
Apropiarme de mis sombras, de mis emociones mas oscuras y de mi historia me ha permitido ver la gran fortaleza de la que estoy hecha. Y ver esa fortaleza me llena de confianza, de autoridad y de un inmenso orgullo para presentarte lo que está siendo una nueva etapa de mi vida.
El nacimiento de El Cuerpo Esc_Rito
Después de un año de exploración íntima en Un espacio para ser leída, quiero abrir este territorio a otros cuerpos, otras voces y otras memorias que también buscan convertir su historia en un lenguaje que alivia.
De esa búsqueda nace El Cuerpo Esc_Rito: un espacio para aprender a escribirse a una misma,
donde la palabra se convierte en puente;
donde se explora el dolor físico hasta que aparecen las palabras que lo descifran;
y donde la historia personal deja de ser carga para volverse raíz.
Quizá eso era este proyecto desde el principio: una semilla que me enseñaba a florecer entre mis propias ruinas,
para convertirme en esta raíz que sostiene a otros y los acompaña a renacer desde sí mismos.

