EL PLAN DE CRISIS

Releyendo mis artículos anteriores, me encontré melancólica, apagada, dolida, frustrada.

Hay algo cierto en este camino que estoy recorriendo como escritora: tengo el alma rota. Y siento que, a estas alturas, ya ha quedado lo suficientemente claro.

Recuerdo ese primer artículo en el que afirmé con entusiasmo que este sería un espacio para escribir desde la luz, porque estaba cansada de sumergirme en un libro tan lleno de dolor como el que estoy escribiendo. Pero pasaron los meses y, artículo tras artículo, terminé publicando un claro reflejo de mi herida. El dolor se me está derramando por aquí y por allá.

Desde mi segundo artículo, sentí que me estaba desviando del propósito inicial. Pero es que cuando me senté a escribirlo, eso fue lo que salió de mí. Y así, empecé a convertir mis artículos en una oda a las heridas, al abandono y al dolor. Y es que, aunque ya no tengo 12 años, llevo desde entonces sumergida en esto y apenas tres años buscando la salida. Por experiencia, me es más fácil ahondar en el dolor que enfocarme en la luz.

Aun así, no puedo evitar sentirme encantada con lo que he escrito. Estos artículos han mostrado mucho de mi voz y mi esencia, la misma esencia que he ido descubriendo en mi libro. Por eso, en lugar de ver este desvío como un error, he decidido reconocerlo como parte de mi proceso. Escribir desde la verdad, desde lo que realmente siento, me hace sentir mucho más orgullosa que haber llenado este espacio con una luz imaginaria con la que todavía no me he encontrado.

El cuerpo como testigo.

En mi libro, estoy explorando la idea de que “el camino es hacia atrás”. Y es que siempre ha sido una constante en mi vida escarbar el pasado. Es frustrante porque, aunque he buscado avanzar, cambiar y accionar para seguir adelante, la vida siempre me regresa allí: a ese momento, a ese lugar, a ese dolor. No es que físicamente vuelva, pero emocionalmente sigo atrapada.

Escribir como método terapéutico ha sido positivo, pero me expuse a él sin un plan de salida. Y es verdad aquello de que el cuerpo tiene memoria, porque cuando me sumerjo en mis relatos, mi cuerpo empieza a sentir peligro. Entonces, acabo con una sensación de profunda angustia y dolor. Y ahí es donde me veo expuesta a caer fácilmente en estados emocionales muy bajos.

Lo que empezó como una herramienta de sanación se convirtió, sin darme cuenta, en una trampa. Mientras escribo, el dolor no se queda solo en las palabras, sino que se instala en mi día a día. He comprendido que necesito un límite, un respiro, un plan.

Un espacio seguro

Ahora que he identificado este vacío en mi escritura, he decidido crear un espacio al que he llamado: Plan de crisis. Este, será mi estrategia para salir de la escena del libro y regresar al presente, a esta vida llena de tranquilidad y amor que he construido.

Mi plan de crisis no se trata de huir del dolor ni de negarlo. Se trata de darle un espacio seguro en mi escritura, sin permitir que lo consuma todo. Quiero que el dolor habite en las páginas de mi libro, pero no en cada rincón de mi vida.

Quizá así, también logre que mis artículos no estén impregnados de esta carga. Que mi dolor deje de derramarse aquí y allá.

Un nuevo capitulo

Me llena de gratitud saber que has estado aquí, leyéndome y compartiendo conmigo esta parte de mi proceso. Es divino saber que hemos estado conectando desde un espacio tan profundo e íntimo como el dolor.

Pero ahora quiero que este blog sea lo que desde el inicio imaginé: un refugio, un punto de encuentro, un espacio para compartir más allá de la herida. No significa que deje de hablar de lo que me duele, sino que aprenderé a hacerlo desde otro lugar.

Ahora sí, enserio. Dejaré el dolor en mi libro y, aquí, te mostraré esa parte carismática y alegre que también soy, en este espacio para ser leída, que cree con el animo de animar y animarme.

Un abrazo grande.

Con amor,
Julieth

¿Si notaste que, aunque en este articulo me quejo por escribirle tanto al dolor, no pude dejar de hacerlo?

:/

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